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¿Y dónde está el dictador?

 

Rafael Luis Franco ([email protected])

Estas cartas confidenciales entre el presidente del Paraguay y su par argentino, antes del gran conflicto que se desató pocos meses después (la Guerra de la Triple Alianza 1865-1870), cartas que vieron la luz por primera vez en 1865 al ser publicadas por el gobierno paraguayo en plena guerra.

Ellas revelan algo muy interesante por el trato que se dispensaban ambos, sobre todo el que le daba el presidente Bartolomé Mitre al entonces brigadier general Francisco Solano López presidente de la República del Paraguay, y es que al leerlas uno no puede dejar de preguntarse ¿dónde está el dictador, el bárbaro, el sanguinario, el Atila de América, el Napoleón como algunos gustan llamar a López?, hasta un conocido político paraguayo lo trata de Hitler; y fue justamente don Bartolomé Mitre el gran propalador de estas calificaciones junto al mayor esclavista de América, el emperador del Brasil, don Pedro II; quienes bajo estas infames acusaciones montaron aquella tragedia americana llamada Triple Alianza, hecha para “liberar al pueblo paraguayo de su tirano”, tal como afirmaban entonces y enseñan, al menos oficialmente, en los países de la alianza y en el mismo Paraguay: “La guerra no era contra el Paraguay, era solo contra López”.

Transcribo algo que suscribían los aliados en el famoso Tratado Secreto firmado el 1º de mayo de 1865, pero, como sabemos, cocinado mucho antes: “…Gobierno [el del Paraguay], que violando su territorio, tratados solemnes y los usos internacionales de las naciones civilizadas, ha cometido actos injustificables después de perturbar las relaciones con sus vecinos, por los procederes más abusivos y agresivos”.

“Persuadidos de que la paz, seguridad y bienestar de sus respectivas naciones se hacen imposibles mientras el actual Gobierno del Paraguay exista, y que es una necesidad imperiosa, reclamada por los más altos intereses, el hacer desaparecer aquel Gobierno…”; en el artículo VI expresan: “Los aliados se obligan solemnemente a no deponer las armas sino de común acuerdo, y mientras no hayan derrocado al Gobierno actual del Paraguay, así como a no tratar separadamente, ni firmar ningún tratado de paz, tregua, armisticio o convención cualquiera que ponga término o suspenda la guerra, sino por perfecta conformidad de todos”. Y en el VII: “No siendo la guerra contra el pueblo del Paraguay, sino contra su Gobierno, los aliados podrán admitir en una Legión Paraguaya todos los ciudadanos de esa nación que quieran concurrir al derrocamiento de dicho Gobierno, y les proporcionarán los elementos que necesiten, en la forma y condiciones que se convengan”.

Como verán mayor cretinismo imposible; el tiempo y los hechos demostraron que todo esto era falso.

Era necesario derrocar aquel Gobierno, no porque su presidente fuera un tirano o dictador, sino para así poder someterlo a voluntad y apoderarse sobre todo de gran parte de sus territorio, tal como pasó con las tierras al norte y al sur del Paraguay, tal como acordaron luego de finalizada la guerra los dos aliados mayoritarios los límites con gobiernos títeres, con aquellos Legionarios, ahora en el poder, paraguayos ávidos de riqueza fácil, que acompañaron en la cruzada liberticida; era necesario firmar aquel tratado y llevar la guerra al Paraguay para destruir a una nación soberana y apoderarse de sus riquezas naturales; para ello no trepidaron en masacrar a casi toda la población (un genocidio que niegan sistemáticamente), que curiosamente acompañó y se inmoló junto a su “tirano” gobernante, y lo hicieron porque sabían que no solo defendían su gobierno sino también su estilo de vida, su soberanía y libertad; libertad perdida luego de la guerra, ya que se volvieron parias en su propia tierra.

Y la función de la prensa porteña, carioca, charrúa y guaraní posguerra, afín al poder de entonces y a la historia oficial en el tiempo, nunca ha cejado en difamar al héroe epónimo que murió sin rendirse el 1º de marzo de 1870, día en que se puso también término a aquella guerra, echándole la culpa a este de todo lo sucedido.

Pero veamos lo que decía el presidente argentino Bartolomé Mitre en algunas de sus confidenciales cartas, la del 2-1-1864 (las mayúsculas son mías): “Por lo expuesto verá V.E. que estoy muy distante de negar a la República y al Gobierno Paraguayo el derecho que pueda tener en casos dados a influir de alguna manera en los sucesos que puedan desenvolverse en el Río de la Plata; Y CREO MÁS AUN QUE SU INTELIGENCIA POLÍTICA CON SUS GOBIERNOS HA DE CONTRIBUIR EFICAZMENTE AL MANTENIMIENTO DE SU PAZ Y AL CULTIVO DE SUS BUENAS Y FECUNDAS RELACIONES INTERNACIONALES”.

“V.E. se halla bajo muchos aspectos en condiciones más favorables que las nuestras, A LA CABEZA DE UN PUEBLO TRANQUILO Y LABORIOSO QUE SE VA ENGRANDECIENDO POR LA PAZ, y llamando en este sentido la atención del mundo, con medios poderosos de Gobierno que saca de esa misma situación pacífica; RESPETADO Y ESTIMADO POR TODOS LOS VECINOS QUE CULTIVAN CON ÉL RELACIONES PROFICUAS DE COMERCIO; su política está trazada de antemano, y su tarea es tal vez más fácil que la nuestra en estas regiones tempestuosas, PUES COMO LO HA DICHO MUY BIEN UN PERIÓDICO INGLÉS, DE ESTA CIUDAD, V.E. ES EL LEOPOLDO DE ESTAS REGIONES, CUYOS VAPORES SUBEN Y BAJAN LOS RÍOS SUPERIORES ENARBOLANDO LA BANDERA PACÍFICA DEL COMERCIO Y CUYA POSICIÓN TANTO MÁS ALTA Y RESPETABLE, CUANDO SE NORMALICE ESE MODO DE SER ENTRE ESTOS PAÍSES”.

En la Nº 2: “… asegurandole a mi vez que cualquiera observación que V.E. halle conveniente hacer sobre la materia, tan importante a la felicidad de nuestros respectivos países, será recibida por mí con toda la consideración y ALTO APRECIO QUE SIEMPRE LE HE PROFESADO, DESDE QUE TUVE EL HONOR DE CONOCER A V.E. EN OCASIÓN QUE PRESTABA UN SERVICIO TAN SEÑALADO AL PAÍS DE MI NACIMIENTO Y DE LO CUAL CONSERVO EL MÁS AGRADABLE RECUERDO”.

Aquí, el servicio señalado, se refiere a su intervención como mediador en el Pacto de San José de Flores, firmado el 11-11-1859, una mediación trascendental para la historia de la República Argentina donde todos, absolutamente todos, destacaron y felicitaron a F. S. López en su momento, pero que luego la historia oficial mitrista se encargó de minimizar y ningunear los denodados esfuerzos por la paz hechos por el entonces ministro paraguayo; claro, una figura de López pacífica y conciliadora no convenía a la historia que habían inventado sobre el prócer guaraní. Un detalle, Mitre en este párrafo se refiere a la Argentina como “el país de su nacimiento”, no dice mi patria o mi nación; extraño, ¿no?

Y en la carta del 16-5-1863, Mitre se expresa así: “…Al terminar esta carta debo dar a V.E. las más expresivas gracias por la jenerosa protección y por los eficaces e importantes auxilios que ha prestado al vapor “Gran Chaco” destinado a la navegación del Bermejo. Ellos HONRAN TANTO AL ILUSTRADO GOBIERNO DE V.E. como el país que tiene en sus arsenales los valiosos elementos con que cuentan los del Paraguay. Aunque los auxilios han sido prestados a una sociedad particular, ELLOS EMPEÑAN LA GRATITUD DEL PUEBLO ARGENTINO, PORQUE HAN SIDO PRESTADOS A UNA EMPRESA DE UTILIDAD PÚBLICA Y A UN BUQUE QUE LLEVA SU BANDERA. Muy agradable me sería en todo tiempo poder acreditarle cuanto estimo este auxilio por parte de V.E. hecho con tanta caballerosidad”.

Es de notar que cuando se recuerda la historia de aquella guerra, por estudiosos o gente no muy preparada en el tema, siempre sacan a relucir el papel que le cupo a Francisco Solano López, apareciendo este como el responsable de la misma, o se discute su figura, a favor o en contra, etc.; pero nunca o casi nunca se tocan el papel del presidente argentino Mitre, de Sarmiento o el del emperador brasileño, Pedro II; siendo que son ellos los responsables directos del gran conflicto.

Por ejemplo, nunca se habla que Mitre, que se autoproclamaba falsamente neutral en el conflicto, primero brasileño-uruguayo luego brasileño-paraguayo, llevó a su país a una guerra de cinco años, con miles de muertos, por el oro que puso en sus manos el Gobierno del Brasil, ya que estos fueron los grandes avalistas, del dinero que surtía la Banca Rothschild, financista oficial del imperio brasileño; así vemos cómo Mitre ayudó a destruir un país que nunca le fue hostil, todo lo contrario; primero facilitándole al imperio la logística para que pudiera invadir el Uruguay y destituir a su gobierno y luego el libre tránsito de los barcos de guerra por sus ríos interiores para bloquear al Paraguay, además de permitirle a estos que establecieran en el Litoral argentino sus parques de guerra; a esto Mitre llamaba “neutralidad”.

Tampoco se habla del emperador brasileño, el mayor esclavista ya no de América sino del orbe, nunca se cuenta del genocidio que cometieron los brasileños en aquella guerra: asesinatos de chicos, de mujeres, degüellos de prisioneros, saqueos de la ciudad, se llevaron-robaron prácticamente todo el Archivo Nacional del Paraguay, la documentación oficial desde su fundación. ¿No era que la guerra era solo contra su Gobierno, contra el tirano? ¡Patrañas!

También podemos leer algo de lo que nos dice don Hipólito Sánchez Quell en su obra “Los 50.000 documentos paraguayos llevados al Brasil”, editado en Asunción por la imprenta Comuneros en 1976; un trabajo de investigación hecho en la Colección Rio Branco que está en la Biblioteca Nacional de Río de Janeiro: En este breve párrafo se podrá apreciar el artero accionar del presidente argentino y la falsa neutralidad, que tanto proclamó:

La complicidad del presidente argentino Bartolomé Mitre en la revolución del uruguayo Venancio Flores se hace manifiesta con el envío constante de armas y municiones al ejército invasor. Los riograndenses general Netto, general Osorio y barón de Porto Alegre –fazendeiros, cuatreros y contrabandistas– presionan al gobierno brasileño para intervenir en el Uruguay y colocar un gobierno títere. El consejero Saraiva llega a Montevideo y presenta una serie de reclamaciones sobre daños y perjuicios sufridos por sus compatriotas. (…) Aplastado el Paraguay, le impusieron arbitrarios límites. El Brasil le arrancó su territorio desde el río Ygurey hasta la cordillera de Mbaracayú y desde el río Blanco hasta el río Apa (62.325 kilómetros cuadrados). La Argentina le arrancó desde el río Bermejo hasta el río Pilcomayo y desde la Sierra Grande de las Misiones hasta el río Paraná (94.090 kilómetros cuadrados). (…) José Mármol afirma: “La alianza con el Brasil no proviene de abril del 65 sino de Mayo del 64. Desde la presencia del Almirante Tamandaré en las aguas del Plata y de los generales Netto y Menna Barreto en las fronteras orientales, se estableció la verdadera alianza de hecho entre los gobiernos brasileño y argentino”.

Saraiva expresa que preparó “las alianzas del Brasil contra el Paraguay, lo que conseguí, pues dichas alianzas se realizaron el día en que el ministro brasileño y el argentino (Elizalde) conferenciaron con Flores en las Puntas del Rosario (junio del 64), y no el día en que Octaviano y yo como ministro de Estado, firmamos el pacto”. Paranhos dice: “El pensamiento cardinal de las instrucciones que yo recibí, era el obtener una alianza con el gobierno argentino, tomándose por base el elemento oriental representado por el general Flores, para pacificar la República y resolver las cuestiones pendientes”. Y Díaz Vieira, ministro de Relaciones Exteriores del Imperio, en comunicación confidencial a Paranhos, le decía que confiaba en que sacaría todo el partido posible, “interesando en la lucha al gobierno argentino más cuanto que parece que ese gobierno no podrá por mucho tiempo conservarse en la posición de neutralidad imperfecta que desea”.

Claro, como la mentira tiene patas cortas, en cuestiones de historia es necesario repetirla incesantemente amén de imponerla por decreto oficial, lo políticamente correcto, siendo esta la única forma de que perdure en el tiempo y logre agachar cabezas.

Pero bien, estas cartas confidenciales son solo un aporte a la historia, a la cultura y a la inteligencia, y aunque sabemos que esta pequeña obra no es más que una gota en el océano de mentiras, en el que se encuentran cómodos aquellos a los que solo les importa su pasar, su ego y algún que otro puestito bien rentado con que les suelen premiar a los falsarios que alaban a descendientes y continuadores de los liberticidas, esta pequeña gota, creemos, hará que estos salgan de su spa de engaños al menos por un rato.

Para concluir, una reflexión, ¿alguno de sus apologistas, alguna vez, podrá explicar cómo es que Mitre primero llamó a López en una de sus cartas “el Leopoldo de estas regiones”, y pocos meses después lo trató de dictador? ¿Quién cambió, Mitre o López? Personalmente, creo que ninguno de ellos cambió; porque López, como sabemos, siguió siendo el defensor de su patria, cabal, caballero y patriota hasta su épica muerte; mientras que Mitre nunca dejó de ser el gran tartufo, el gran mentiroso, organizador de fraudes electorales y embaucador político hasta el final de sus días, en que sacó a relucir su tardío arrepentimiento: era masón grado treinta y tres y abjuró de la logia poco antes de morir frente a dos obispos de la Iglesia Católica; el pobre anciano buscó salvar su alma, consciente de todo el mal que hizo en la vida, renunciando a satanás en el último instante; tal vez habrá pensado que no sea cosa que exista realmente el infierno y arda en él por toda la eternidad, por las dudas mejor convertirse, ¿no?; tal vez fue su última osadía: engañar al Señor.

Y aquí la gran diferencia con otro nefasto presidente argentino también cómplice de aquella tragedia americana y socio ideológico de don Mitre, también masón, el gran civilizador que quería exterminar a los paraguayos hasta en el vientre de la madre, el gran sanjuanino, un adelantado abortista de su tiempo y otras linduras, que se mantuvo ateo hasta la sepultura no aceptando los auxilios religiosos del humilde sacerdote que le habían traído, él prefirió irse al infierno directo y sin escalas, eso es coherencia de vida.

Bien, en estas cartas el lector encontrará muchas cosas más y podrá apreciar al múltiple don Bartolo en toda su maquiavélica plenitud.

 

 

 

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