Se conmemora hoy un nuevo aniversario de la Nota del 20 de julio de 1811, comunicación para Buenos Aires ordenada por el Congreso General del 17 de junio de 1811, que es, desde el momento de su realización, la piedra fundamental de la política exterior paraguaya y, más que eso, la base funcional de la Independencia Nacional.
Explicando lo resuelto por la representación política del pueblo paraguayo al gobierno de Buenos Aires, la Nota del 20 de julio de 1811 define los criterios que en lo sucesivo tendrían las relaciones entre la ciudad porteña y Asunción, que son los criterios que aplicaron todos los gobiernos paraguayos hasta 1991, incluidos los gobiernos establecidos durante la ocupación militar argentino-brasileña producida al terminar la Guerra contra la Triple Alianza.
Paraguay, proclama la Nota, se autogobierna de manera plena y ese autogobierno ya no es reversible. Consecuentemente, aunque Paraguay desea fervientemente apoyar todo proceso de integración que pudiera idearse o producirse, no apoyará proceso alguno que suponga dar un paso atrás en su autodeterminación.
La Nota explica que lo apuntado se perfecciona garantizando una representación igual y paritaria de Paraguay en cualquier organismo que se forme a los efectos de la integración y aclara que de no existir esa igualdad, no se podrá contar con Paraguay.
Además, especifica la Nota, Paraguay exige libertad para desarrollar su comercio exterior, aboliendo los aranceles que gravan sus mercancías y las restricciones a la navegación libre de los ríos.
Lo señalado en la Nota del 20 de julio de 1811 es de puro sentido común: Exige aquello que es la base del progreso de cualquier sociedad, la posibilidad de trabajar y la de administrar los frutos de su propio trabajo, elementos que habían sido sustraídos desde el advenimiento de la Casa de Borbón al trono de Madrid en 1700, fecha desde la que el gobierno español fue imponiendo paulatinamente, pero sin treguas, trabas crecientes al comercio paraguayo, ya estableciendo impuestos, ya imponiendo itinerarios y, también paulatinamente y sin treguas, fue desmontando la autonomía de la que había gozado Asunción en materia política y administrativa.
El resultado práctico de la falta de autonomía y de las trabas al comercio fue el empobrecimiento grave de Paraguay, como quedó constatado en la solemne descripción realizada en el Congreso del 17 de junio de 1811, lección indeleble por la que los fundadores del Paraguay optaron por la Independencia.
Esta lección indeleble fue asumida y seguida, como se indicó, por todos los gobiernos paraguayos hasta que en 1991 se firmó el Tratado de Asunción, constitutivo del Mercosur, que se aparta groseramente de los lineamientos de la Nota del 20 de julio de 1811.
El Tratado de Asunción vuelve a transferir, de derecho por primera vez desde 1811, el poder de autogobierno paraguayo a otras sociedades. Lo muestra claramente el establecimiento del llamado Arancel Externo Común mediante un mecanismo que no garantiza la igualdad del voto paraguayo sino que reconoce explícitamente la hegemonía brasileña y, en menor medida, argentina.
El Mercosur tiene cosas aún más graves, que vulneran los lineamientos de la Nota del 20 de julio de 1811. El protocolo acordado en San Juan, Argentina, sobre una aduana común es particularmente lesivo. Lo mismo puede decirse sobre la arquitectura institucional del bloque, que está claramente basada en la preponderancia de Brasil y Argentina.
Como lo demuestra la historia de manera constante y uniforme, a iguales causas, iguales efectos. El Mercosur es un proceso similar al que iniciaron los Borbones sobre Paraguay en 1700. Su resultado será idéntico. Lamentablemente, los responsables paraguayos de abandonar los principios sabiamente establecidos por los fundadores de la Patria el 20 de julio de 1811 y de condenar a los paraguayos a tan triste futuro están impunes.
Nota editorial de “lanacion.com.py”, 20-07-2011
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